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Hoy te escribo a ti

Hoy te escribo a ti que llevas un tiempo ausente y cuando parece que vuelves y te rozo levemente con las huellas de mis lívidos dedos, te vuelves a escapar. Y cuando te escapas, te escondes en lo más profundo de mi ser y no sé donde ni como buscarte.
A veces, apareces y mi rostro se ilumina como lo hacen las calles de esta oscura ciudad con los primeros rayos del alba. Y sé que estás presente porque noto algo extraño que me gusta catalogar como la tan ansiada y buscada ''felicidad''.
Pero parece ser que no te agrada quedarte mucho tiempo, y te digo de corazón que no encuentro ningún motivo, ninguna razón. ¿Por qué te vas? ¿Cuál es el problema? Seré yo...
Y cuando te vas, la curva de mis labios desaparece, mi respiración se vuelve pesada y ahogo mis lágrimas en la almohada silenciosamente.
Y te ruego que vuelvas, pero no lo haces. ¿Por qué no vuelves? ¿Cuál es el problema? Seré yo...
Y te digo de corazón que estoy intentando buscar una solución porque ya no puedo soport…

Quiero que sepas

El querer huir hacia tu paraíso ideal, donde eres intocable, donde te evades de toda responsabilidad, donde alguien te esperaba con los brazos abiertos ansiosa por romper los mismos corazones que tu, donde todo se rodea de melodías al son del cuatro por cuatro, donde por fin hallarías tu felicidad, pero dime, ¿era lo que esperabas? ¿se han desviado tus planes de su pronóstico? Y la pregunta más dolorosa… ¿eres consciente del daño que has dejado tras de ti?
Quiero que sepas que el valiente no es el que se va, sino el que se queda.
Quiero que sepas que posees dos lazos, uno en cada mano y por mucho que intentes deshacer su nudo no podrás. Además te atarán toda tu vida a la persona que más odias, ¿paradójico verdad? Pero es la realidad. Debo decirte que estos lazos están sufriendo mucho más de lo puedes imaginar porque son ellos los que están pagando tus incorrectos actos. No pueden comprender el porqué de los hechos y por ahora no les has dado ninguna explicación que puedan entender.

No me pidas que me calme

Cuando tiriten mis palabras y mis ojos se humedezcan, no me pidas que me calme. Cuando se acelere mi respiración y resople de continuo, no me pidas que me calme. Cuando mi rostro refleje la tristeza de mi alma, no me pidas que me calme. Cuando me tome por demente y no me comprenda, no me pidas que me calme. Cuando me invada la parte de mí que no puedo controlar, no me pidas que me calme. Cuando quiera gritar tan alto que me escuche el viento, no me pidas que me calme. Cuando mi almohada esté mojada por lágrimas de incomprensión, no me pidas que me calme. Cuando me preocupe por cosas insignificantes para ti, no me pidas que me calme.
No me pidas que me calme, no me pidas que lo intente, no me pidas que lo cambie, no me pidas nada por favor…porque no puedo hacerlo.

Cuidado

Cuidado, el mundo es peligroso, ándate con ojo. Cuidado, tienes que tomar una decisión apresurada y por cierto, no es por incordiarte, pero podrá influir en tu futuro. Cuidado, la gente pensará cosas a cerca de ti y por cierto, más te vale que sean buenas. Cuidado, tienes un examen la semana que viene y por cierto, aún no has empezado a estudiar, ¿a qué estas esperando? ¡Las cosas no se regalan! Cuidado, vas a hacer algo que no está considerado como adecuado socialmente, ¿eres consciente de las consecuencias? Cuidado, no comas tanto, ¡vas a engordar! Por si no lo sabías en este mundo está más valorada tu talla de pantalón que tu talla de cerebro. Cuidado, puedes hacer el ridículo si vas así vestido, ¿lo sabías? Cuidado, tu amigo va a hacer una cosa que tú no tenías planeado hacer, ¿no te sientes presionado? ¡Deberías estarlo! Cuidado, esa manera de pensar puede generarte enemigos, por si no lo sabías, los pensamientos ya vienen de fábrica, no deberías ser capaz de crearlos. C…

Declarada vencedora

Has sido declarada vencedora. Ahora puedes coronarte victoriosa después de la interminable batalla que has librado. No quiero imaginarme lo larga que se te habrá hecho la espera de los resultados definitivos, pero, ya está, todo ha acabado.
Recuerdo perfectamente el día en el que supe lo que estaba pasando. Una palabra fue suficiente: quimioterapia. No pude pensar en nada más, solo recuerdo que empecé a marearme y el motivo era evidente.
A pesar de todo, parecía necesitar una confirmación externa, porque me era imposible asimilar que aquello era una realidad, que esa maldita enfermedad había afectado a alguien de mi familia. Cuando la tuve, no pude retener las lágrimas ni un solo segundo y mi cuerpo se lleno de ira e impotencia, sensaciones horribles. Mejor no recordar aquello.
Te admiro, y te explicaré el porque de la mejor manera que sé: escribiendo.
Te admiro por haber sido capaz de mantenerlo en secreto para no preocupar a la gente que te importa, debe haber sido muy difícil lidia…

Mirada oscura

La música atronadora retumbaba en mis oídos. Mis amigos estaban a mi lado, bailando, disfrutando del ambiente juvenil que nos rodeaba. Miles de miradas se cruzaban, miradas cómplices, guiños, miradas de locura, miradas jóvenes que expresaban las ganas de comerse el mundo. Pero sólo una de ellas se clavó en mi y consiguió intimidarme, sobrepasar la barrera del respeto. No le di importancia e intenté continuar disfrutando de la noche.
No recuerdo el tiempo que pasó exactamente entre la primera vez que noté esos ojos fijos en los míos y la siguiente vez que sentí que estaba volviendo a suceder, de nuevo esos ojos oscuros me miraban.
Miedo, sentí miedo. Era extraño. Quise salir de allí, despejarme un poco, pensé que quizás eran ilusiones mías y la situación no transcurría como yo imaginaba. Pero, todo se confirmó cuando, al escabullirme de aquel sitio que vibraba al compás de los decibelios musicales, esos ojos me localizaron y se unieron a los pies para seguirme.
Me paré en la puerta de …

El sabor de la libertad

Abro los ojos.  Desconozco el lugar en el que me encuentro. Me duele la cabeza. También los brazos. Y las piernas. Intento abandonar lentamente el colchón en el que estoy desplomada haciendo el que me parece el mayor esfuerzo de mi vida.
Vagos recuerdos comienzan a aflorar en mi mente pero son difusos, irregulares, necesito conectarlo todo aunque quizás antes debería intentar escapar de este inhóspito lugar.
Observo la habitación. Comienzo a reconocer este lugar. Todo está destrozado pero aún así puedo distinguir a que pertenece cada escombro. El armario, la estantería, los libros,… mis cosas. Estoy en mi habitación.
La puerta está cerrada y algo dentro de mí me susurra que será mejor mantenerla así pero necesito escapar así que decido atreverme a abrir la ventana y pedir ayuda. Veo a mi padre e inmediatamente doy un grito de auxilio. No entiendo su reacción. No me ha escuchado. Grito con aún más fuerza que antes, llegándome a doler la garganta por tal esfuerzo.
Empiezo a perder la ca…